KARLISTA NAIZ ELAKO EZIN DET UKATU, ORREGAITIK EGIN NABE GILTZAPEAN ZARTU, EUDEIK NAI DUTENIKAN EZIN BA LOGRATU, SEKULA ES DA EGINGO EUSKADI ASKATU.

No puedo negar el ser carlista, por eso me han encarcelado. No lograrán lo que ellos quieren, Vascongadas jamás será independiente.

jueves, 17 de diciembre de 2015

NUEVA CONDENACIÓN DEL CATOLICISMO LIBERAL



NUEVA CONDENACIÓN DEL CATOLICISMO LIBERAL

La Sagrada Congregación del Indice acaba de condenar un folle­to del abate Denis, que se titula “L'Eglise et L’Etat. Les leçons de 1'haure presente”; y no es, ni más ni menos, que una confesión y un programa de catolicismo liberal mala peste, nunca del todo extinguida, que ahora trata nuevamen­te de levantar la cabeza aprovechándose de la confusión que pre­valece en la época actual, pero, como siempre que lo ha intentado, también ahora le ha salido al paso la autoridad de la Iglesia, ponien­do al desmán el necesario correctivo y dando así la voz de alarma para que ningún católico se deje en­gañar.
 

En estos últimos tiempos, el ca­tolicismo liberal no ha estado ocio­so ni un solo día. Desde la “Vida del Padre Hecker”, que escribió el sacerdote yanqui Walter Elliot, y al que puso un prólogo Mons. Ireland, libro que fue la carta magna del americanismo, condenado por León X III, hasta las recientísimas publicaciones del abate Houtin que también han sido puestas en el Indice, apenas transcurre un mes sin que la Iglesia tenga que rechazar algún nuevo esfuerzo de los continuadores da Lamennais.
 

Y cada día es mayor el desenfa­do y atrevimiento de los que, en frase de Pío IX , son peores que los monstruos de la Commune; cada día hacen más desvergonzado alar­de de su funesto error y más sacrílego menosprecio, no sólo de las sentencias de la Iglesia, sino hasta de los dogmas de que es deposita­ria, la revelación de muchos de los cuales no admiten, porque entien­den haberse ido formando por modo de evolución en la conciencia cristiana, que es sencillamente negar el fundamento divino de nuestra fe. A esto se reduce, en sustancia, la doctrina expuesta por el abate Loysi en sus obras «La Religión de Israel», «L’Evangile et L’Eglis», «Autour d‘un petit livre» y «Le quatrième Evangile», incluidas ya en el Indice de libros prohibi­dos.
 

Pero volvamos al folleto del aba­te Denis, «L‘Eglise et 1‘Etat», donde ya no se trata de liberalismo teórico, del cual se deducen natu­ralmente, consecuencias prácticas, sino de liberalismo eminentemente práctico, a que se quiere que los católicos ajusten su conducta y sus reclamaciones legales, para lo cual el susodicho autor comienza por dar este consejo: Aceptemos prácticamente la te­sis contemporánea de la indiferen­cia del Estado en asuntos religio­sos. Esta indiferencia constituye un terreno de reivindicaciones legítimas.
 

Y partiendo de ahí, el abate De­nis llega a estas deducciones mons­truosas: Ofrécesenos una conclusión ge­neral, a saber: ¿En nombre de qué derecho debe defenderse la Iglesia?. Evidentemente, ya no es posible hablar del derecho divino, que ha prescrito para nuestros adversarios ni del derecho-histórico, que niegan la mayor parte de los contemporáneos.
 

La Iglesia debe defenderse prác­ticamente en el terreno del derecho común, que, en este caso, se llama libertad de conciencia. Es amargo para la Iglesia llegar ahí, pero es oportuno, e iba a decir que es su único recurso.
 

Para luchar en ese terreno, es indispensable y se impone a todo eclesiástico la condición de hacerse liberal. Ser liberal da derecho para reclamar la libertad.
 

El clero ha incurrido en el yerro irreparable de no ser partidario de la libertad política, ni de la libertad democrática, ni de la libertad científica y filosófica. Para algunos eclesiásticos el liberalismo, en cuanto síntesis del uso de todas las libertades, sigue siendo «pecado».
 

Basta lo copiado para que los lectores sepan por qué ha condena­do la Sagrada Congregación del Indice el folleto del abate Denis; para que se enteren de la osadía con que de nuevo se presenta el error católico-liberal, y para que tengan el consuelo de ver que si el catolicismo liberal no arría su ban­dera, la Iglesia no lo sufre, y aho­ra, como siempre, condena las fal­sas doctrinas de los que quieren conciliar lo inconciliable; los que desean que hagan paces y se den la mano el liberalismo, que es el error, y el catolicismo, que es la verdad.

 

Mario

Fuente: "La Constancia. Diario Íntegro Fuerista", San Sebastián, 1º de Enero de 1904

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